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Un poquito de historia LA PRIMERA HUELGA DE PILOTOS en el mundo de la aviación
la protagonizan los pilotos de la compañía Latécoère y se produce a causa
del primer incidente serio en la ruta del desierto. El 22 de Julio de 1925 el
piloto Henri Rozès aterriza obligado por avería cerca del poblado de Noum, al
sur de Agadir, territorio supuestamente bajo control francés. Es auxiliado por
Villle que también aterriza y lo rescata en última instancia entre golpes de
los moros que van a por ellos y que no quieren perder la oportunidad de un
rescate. Abandonando el avión averiado, Rozés y Ville consiguen llegar a la
carrera, entre los primeros disparos de espingarda, hasta el otro avión, donde
uno de los asaltantes escondido detrás del Breguet presto a disparar es
derribado por Rozés con un certero disparo de revolver. Entre una lluvia de
balas que se incrustan en las alas y fuselaje los pilotos consiguen despegar. El
Breguet abandonado ya está ardiendo. Pero esta vez ha habido sangre derramada
entre los "hombres azules" y su costumbre es hacerla pagar con otra
sangre. Han puesto precio de 200 duros por la cabeza de Rozés. La noticia se extiende rápidamente por el desierto y el
resultado es la aprensión entre las tripulaciones, pues saben que el primer avión
caído por avería terminará en tragedia, y ante la falta de seguridad, los
pilotos deciden rehusar seguir volando sobre el desierto. Las autoridades españolas
en Cabo Juby les preocupa esta situación y piden el traslado urgente de Rozés
a cualquier otra zona. El telegrama enviado por Roig a Toulouse informa de la
situación, "Consecuencia incidente Ville y Rozés, autoridades
españolas planean prohibición travesía Río de Oro. Stop. Pilotos rehusan
proseguir servicio. Stop." El mensaje hace salir de inmediato a
Daurat el mismo día hacia Casablanca para afrontar la crisis. Antes envía su
respuesta. "Tomada buena nota de su mensaje. Stop. Próximo
correo será asegurado por Daurat-Beauregard. Stop. Llego inmediatamente
Casablanca." A su llegada, allí están todos los pilotos de Marruecos.
Con el grito de "bande de vaches" de Reine, refiriéndose a Latécoère
y Daurat, el piloto Joseph Roig se adelanta y le expone la situación del paro y
las serias dificultades que tendrán los aviadores que a partir de ahora caigan
por avería en el desierto. Además le informa que Dubordieu y Des Palliéres de
regreso de Cabo Juby han desaparecido. Daurat les comprende y les anuncia de la
pronta llegada de nuevos y mejores aviones y que el problema de la seguridad lo
solucionará pues tiene que entrevistarse con el gobernador Leautey. Hábilmente, Daurat habla con el jefe de la aeroplaza de
Casablanca y le designa para que le acompañe en el vuelo para entrevistarse con
el jefe de los moros. Daurat sabe que el miedo y la debilidad harán que este
piloto, casado y con hijos, busque a otro voluntario solidario entre sus compañeros
para sustituirle. Mientras, Daurat se traslada a Rabat para entrevistarse con
Leautey, quién envía un mensaje al oficial del puesto de Tiznit para que se
ponga a su disposición, además ha preparado una carta lacrada para el
gobernador español en Río de Oro. Tras unas cortas horas de sueño en el automóvil, Daurat
regresa a Casablanca a primeras horas de la mañana. A su llegada, allí están
todos los pilotos, formados con sus trajes de cuero y dispuestos como
voluntarios. Emocionado, les da las gracias estrechándoles la mano, manifestándoles
que han cumplido con su deber. El correo aéreo debe seguir. Ha conseguido lo
que era necesario, acabar con la situación de huelga. Ahora sólo queda por
solucionar el tema de la seguridad de los pilotos caídos en el desierto. Daurat y Beauregard vuelan escoltados por otro Breguet
pilotado por Reine, otro voluntario, hasta Tiznit, último puesto francés en el
Sur. Allí, el capitán Rouselle, oficial al mando, le informa de la buena
noticia, el piloto Dubordieu y el mecánico Des Palliéres han sido encontrados
sanos y salvos. De inmediato Daurat acompañado por Rouselle que le sirve como
guía e interprete, se traslada a caballo hasta Aglou, un "aduar"
fortificado donde gobierna el caid Sidi Djillali, un jefe respetado por su
autoridad hasta Río de Oro, que sabe todo y está al corriente de todo. Sin armas y sin escolta, al mejor estilo de la época, los
cinco visitantes son recibidos por una muchedumbre hostil que les rodea. El
capitán Rosselle impasible, casi se exhibe haciendo gala de orgullo con su
"Kepi" de oficial con sus tres galones de oro. Los extranjeros son
llevados por unos enormes eunucos negros a la presencia del "caid",
que vive en su "humilde palacio" entre manantiales y jardines. A su
entrada, las esclavas les lavan las manos y les obsequian té a la menta con
almendras perfumadas. Después de las presentaciones, Daurat le explica al caid
que la misión de "la línea" no es hacer correr la sangre, sino todo
lo contrario, llevar la paz. Sidi Djillali escucha con atención todo lo que
Daurat le explica, pero sus ojos chispean de malicia. Percatado Daurat, le
ofrece un regalo, un reloj de oro traído ex profeso de París, (en realidad era
el suyo y de Toulouse). Mientras el reloj, visto y no visto, desaparece entre
los pliegues de su ropa, Djillali ahora escucha con mejor sonrisa las propuestas
y las necesidades de la compañía para seguir volando sobre el desierto con
seguridad para los pilotos. La contestación del caid es, "no tenías
necesidad de tomarte la molestia de venir desde París, tan sólo por esto, si
tus hombres han salido victoriosos.... es que tú tenías razón." Es
la sabiduría del desierto. Es también el arte sutil de la palabra y de la
negociación. En Cabo Juby se pagan 1.500 pesetas, como compensación a la
familia del muerto en el incidente de Noum. Diez días después, el tiempo necesario para que el
"caid" haga sus consultas, se acuerda con sus notarios árabes un
contrato, según el cual se pagará indemnización a las tribus por cada piloto
socorrido y correo entregado. Además los aviones llevarán a bordo un intérprete
árabe. Estos acompañantes prestarán buenos servicios y evitarán en muchas
ocasiones los intentos de captura. El "teléfono árabe" del desierto funciona tan
veloz como los aviones, en pocos días todo el desierto está al corriente de
los acuerdos de Aglou y la mirada al cielo, pendiente de la caída de un avión
por avería. Habrá recompensas. A Didier Daurat se le conoce como
"Baraka", que significa el que ha nacido bajo una buena estrella. Queda el tema del gobierno español que no ve con buenos ojos que la línea aeropostal francesa se siga sirviéndose de sus puestos de Cabo Juby y Villa Cisneros en la costa sahariana, pues en Madrid se mantienen negociaciones con empresarios alemanes que también están interesados en organizar una línea aérea en España con miras de utilizar dirigibles hasta Sudamérica. Además hay el proyecto de un aviador militar español que quiere abrir la primera ruta aérea desde España hasta Argentina, (referencia al vuelo del Dornier Wal "Plus Ultra" de Ramón Franco que realizará en 1926). Pero la carta enviada por el mariscal Lyautey al nuevo gobernador español en Cabo Juby, el coronel Guillermo de la Peña, quien consulta a sus superiores, hace sus efectos y sirve para restablecer la normalidad de la compañía Latécoère para que siga utilizando los puestos bajo control español.
El tiempo pasa y la inquietud de Erable por sus compañeros
le decide aterrizar de nuevo, pero una hondonada en la arena le rompe parte del
tren de aterrizaje. En este momento, aparecen las huestes Ould Haj Rab, un
temible jefe disidente. Hattaf intenta hablar con los guerreros pero a punta de
fusil Gras, le indican que caminen hacia los aviones. Después, una descarga
cerrada por la espalda fulmina a Erable y el mecánico Pintado que cae a su lado
muriendo desangrado. Gourp ha recibido una bala en la pierna y está mal herido.
Interviene Hattaf que sólo consigue hacerles entender que vale más un piloto
vivo que muerto. A culatazos hacen levantar a Gourp del suelo, que intenta
alcanzar el botiquín de urgencia del avión, pero el grupo encabezado por el
temible Hould Aijrab le arrebata los medicamentos de la mano. Una vez saqueados
los aviones, son incendiados. Gourb es atado como un fardo a lomo de un camello y como su
herida sangra, la untan excrementos de camello según ellos para cicatrizar,
esto aumentará su tortura y la agonía será terrible. Intenta suicidarse con
el yodo del botiquín pero es atado para conservarlo vivo. Dos semanas después,
la banda envía al emisario Salek a Cabo Juby, quien bien se guarda de informar
de la situación del piloto. Rigelle vuela al campamento nómada para pagar su
rescate, siendo entregando un Gourp moribundo. Durante dos días se intenta
reanimarlo en la enfermería del fuerte español, pero poco se puede hacer. Se
le traslada en un avión especial hasta el hospital de Casablanca, donde se le
amputa la pierna, pero fallece a los seis días, roído por la cangrena. La situación vuelve a deteriorarse, es ya una guerra abierta
entre los pilotos de la línea aeropostal y los hombres azules del desierto.
Además hay constancia de armas alemanas entre los moros y de poco sirven los
acuerdos y el pago por los rescates. Para mayor seguridad los aviones vuelan en
parejas, pero ahora el coronel jefe de Río de Oro, coronel de la Peña crea
dificultades en las escalas. No desea la presencia de los franceses en los
fuertes, si cae un avión averiado será desmontado y requisado. La mediación
del mecánico Lefèvre allí destacado hará con sus mejores oficios restablecer
de nuevo la situación en el puesto español, no sin antes hacer algunas
concesiones. Su habilidad lo arregla todo, las herraduras del caballo del
coronel, la bomba del agua que vuelve a funcionar, el viejo automóvil Ford que
anda de nuevo, hasta un mejor sistema de protección y tiro de las
ametralladoras. Todo ello demuestra que su presencia allí resulta casi
indispensable, pues la colaboración del "manitas" de Lefèvre lo
soluciona todo. Así, "la línea" aeropostal continua pasando día a día.
Ould Haj Rab, será abatido en un enfrentamiento el 5 de Julio de 1927. fuente : www.bcnet.upc.es/aeromuseo/
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